• La reapertura del TLCAN

    2016-11-22 13:08:36


    A pesar de que existen analistas que anticipan la posibilidad de que el discurso se atempere y de que la xenofobia encausada pueda tomar rumbos menos agresivos a los que a lo largo de los últimos meses se vinieron percibiendo, una cosa es segura, y es que el ahora Presidente electo ha dado señales claras de que, el primer punto que contemplará su agenda económica, estará encaminado a definir una nueva estrategia de comercio con México.

    El intercambio de bienes entre ambos países arroja en esta época un flujo de capital que suma los 500 mil millones de dólares al año, situando a los Estados Unidos de América, por mucho, como el primer socio comercial de nuestro país.

    No cabe la menor duda de que el origen de este tránsito binacional de bienes y servicios obedece, en una muy buena medida, al Tratado de Libre Comercio que el Presidente Carlos Salinas negoció y firmó en diciembre de 1992, un acuerdo que ha traído a México un número de empleos que podría ascender a varios millones, por la sola comparativa entre los que existían hasta 1994 y los que hay hasta la fecha, en función del incremento de exportaciones (aunque el número más importante siempre ligado con los programas de maquila y siempre incuestionablemente deficitario con relación a los que se necesitan).

    Del fragor de las palabras proferidas por el hoy Presidente Donald Trump, toda la lógica nos conduciría a suponer que el ánimo de reapertura y renegociación del Tratado estará encaminado a reformar las áreas del acuerdo relacionadas con el desarrollo económico que más incide en la generación o conservación de fuentes de empleo, como la automotriz.

    Hoy debemos enfocarnos en anticipar qué es lo que sucederá ahora que el TLCAN vuelva a ser puesto sobre la mesa de negociación. Una parte tendrá que ver con aquello que ya se discutió y que ha arrojado los resultados que hemos señalado anteriormente; otro, sin embargo, está relacionado con algunos ámbitos de nuestra economía que desde su origen quedaron excluidos.

    Al firmarse el TLCAN se incorporaron reservas estratégicas que México hizo valer en el marco de las restricciones que su propio marco constitucional imponía. En esas condiciones, ni las telecomunicaciones, ni tampoco la industria energética, eléctrica y de hidrocarburos, formó parte de la negociación de 1992.

    El marco constitucional, sin embargo, ha cambiado y, si bien es cierto que existen ciertas restricciones de carácter constitucional con relación al papel que guardarán las empresas productivas del Estado tratándose de la generación y comercialización de la energía eléctrica, o la exploración y extracción de hidrocarburos,

    Todo haría suponer que las condiciones están dadas para que, de llegarse a reabrir el texto del TLCAN, nada impida que los ámbitos que en algún momento fueron objeto de legítima reserva por parte del Estado mexicano, queden abiertos a un nuevo flanco de ataque por parte de inversionistas estadounidenses y canadienses. Es muy oportuno iniciar el proceso de valoración de aquello que podría interesarles sobre este respecto, y adelantar la estrategia de defensa procedente.

    Además de la fiereza con que la cancillería, las Secretarías de Economía y de Energía, y la propia Presidencia, deberán defender la soberanía energética del país,

    desde la óptica más patriótica y eficiente que sea posible, defienda el propósito primordial de la reforma energética al artículo 27 constitucional: la de garantizar la mayor posibilidad de ingresos a favor de la Nación, que contribuyan a su desarrollo de largo plazo.

    http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/la-reapertura-del-tlcan.html

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