• Del TPP al CPTPP

    2018-03-12 16:47:04


    La semana pasada se firmó el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) por sus siglas en inglés. Este acuerdo integra una plataforma comercial con reglas, normas y periodos de desgravación arancelaria a 11 naciones; Japón, Australia, Canadá, México, Perú, Chile, Malasia, Vietnam, Nueva Zelanda, Singapur y Brunéi.

    De ratificarse, por al menos 6 países en sus respectivos congresos, se establecerá una red fragmentada de países diferentes, tanto en volúmenes de producción y comercio exterior, como índices de competitividad, sofisticación económica y Estado de Derecho. Los mercados combinados de “la red transpacífica de comercio progresista” involucran a 498 millones de consumidores con un ingreso per cápita de 28,090 dólares.

    Este acuerdo progresista implica en su base comercial la reducción de aranceles de manera progresiva, escalonada en el tiempo y por familias de productos. La desgravación resultante será del 65% al 100% de la estructura arancelaria de los países signantes, por ejemplo Singapur eliminará todos sus aranceles, Chile desgravará el 95%, Perú el81%, Malasia en cambio estará debajo de la tabla con un 65% y México, desgravará un 77%. La expectativa que propone el acuerdo es que todos los países alcanzarán el 100% de fracciones arancelarias libres de gravamen en un par de décadas.

     

    Ciertamente, este acuerdo comercial se encuentra en un contexto de globalidad comercial dominado por grandes mercados y la influencia de China, que en esencia, plantea una reorganización de las reglas de comercio mediante acuerdos de bloque económico en una red de países distribuidos en el planeta, bajo un marco común de comercio. El CPTPP representa una nueva generación de acuerdos comerciales, veinte años después de su principal predecesor que es el TLCAN, que incluye disposiciones y disciplinas nuevas como coherencia regulatoria, empresas del Estado, PYMES, competencia económica, anticorrupción, derechos de comunidades originarias y clima de negocios, entre otros temas.

    La paradoja radica en que el sector privado, simplemente no fue consultado y se establecieron concesiones arancelarias riesgosas para las cadenas productivas en México, que aún no alcanzamos a dimensionar. Aunque aparentemente están blindadas por los negociadores mexicanos, lo cierto es que hay malestar en el sector lácteo, agroindustrial, alimentos, agropecuario, vestido, calzado y un grupo amplio de sectores que entran en la categoría de “remanufacturas”. Por ejemplo Vietnam, que no producía calzado, súbitamente aumenta su producción a millones de pares. La triangulación, la maquila, el contrabando, el trabajo en condiciones de esclavitud moderna, las clausulas democráticas y otros aspectos ambientales y laborales se dejaron de lado para consolidar el acuerdo.

    Por tanto, el proceso de socialización de los textos del acuerdo y las estructuras arancelarias, así como otros compromisos en materia laboral y ambiental deberán ser evaluados por los sectores y la Secretaría deEconomía para articular la agenda de implementación conjunta, indispensable para configurar las políticas públicas de fomento y promoción que implanten la diversificación de mercados en un concierto global marcado por el neoproteccionismo y con el apoyo del Senado del Senado de la República como condición para su ratificación.

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